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Hemeroteca :: Edición del 25/02/2013 | Salir de la hemeroteca
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Torrox, sabor morisco

A escasos treinta minutos del centro histórico de Málaga, Torrox goza del encanto y el embrujo de los pueblos blancos andaluces y de unas condiciones ideales para disfrutar del sol y el mar de la costa mediterránea.Un pueblo típico y luminoso con playas de aguas limpias, un entorno natural privilegiado.

Cobijado por las sierras de Tejeda y Almijara, Torrox ofrece al viajero el contraste entre la imagen tradicional de estas tierras y la adaptación a los nuevos tiempos. Un pueblo típico y luminoso con playas de aguas limpias, un entorno natural privilegiado y una infraestructura de servicios capaz de brindar las mayores comodidades. Características que convierten a Torrox en destino ideal para el disfrute turístico, sin la agobiante masificación de otros lugares y siempre arropado por la excelencia de su incomparable clima.

            

                    

El municipio cuenta con nueve kilómetros de atractivas y cuidadas playas, como el Peñoncillo o Torcaso. Las de Ferrara y El Morche, dos de las más cosmopolitas, reciben tradicionalmente la Bandera Azul de las aguas limpias de Europa, contando, además, con todas las infraestructuras turísticas y de ocio para disfrute de vecinos y visitantes. Restaurantes, quioscos, lugares de recreo y amplias zonas para poder practicar todo tipo de deportes acuáticos para todas las edades complementan la amplia oferta de alojamiento en apartamentos, chalets, villas, hoteles y camping, convirtiendo Torrox en el destino ideal para disfrutar de un sol que se prodiga durante las cuatro estaciones del año.

                 

Pueblo blanquísimo, desde lejos da la impresión de que las casas se superponen en una sinfonía de planos increíbles. Su plaza central, lugar común y de natural convergencia de calles y personas, presenta un agradable aspecto: fuente luminosa, azulejos, jardines…Los nombres de sus calles recuerdan sucesos, raíces árabes o simplemente el gusto popular en las denominaciones, y en todas ellas se encuentran rincones con parras, balcones con macetas, terrazas con flores y cal en sus fachadas.

Aunque el centro de la vida torroxeña transcurrió durante siglos en el casco antiguo y en la vega del río, el correr del tiempo volvió a poblar las orillas del mar, generando incluso núcleos poblacionales de vida marinera, como El Morche. De esas épocas se conservan construcciones como el propio Faro, que primero fue de petróleo, o un testimonio de las veleidades del estilo belle epoque en la Villa Recreo, con su hermosa avenida de palmeras. Lejos de la costa encontramos vestigios de otros siglos, como Molino Pérez o el acueducto de La Granja, que sirvió como sistema de regadío a los agricultores del siglo pasado.

             

Todo Torrox evoca historia. La huella de su pasado morisco aún es visible en el casco histórico de la villa: callejuelas estrechas, zigzagueantes, empinadas, con inesperados rincones, paredes encaladas y una sinfonía de flores y macetas que convierten el deambular en una fiesta. Parte de la antigua muralla del castillo, en el que afirman que nació el insigne caudillo árabe Almanzor, aún puede admirarse. Otros vestigios de aquel pasado son el Torreón Árabe, en la calle Baja; el Portón, puerta subsistente de la antigua fortaleza, en la calle Alta; o el barrio del Castillo, que se asienta sobre las primitivas murallas.

                                         

Además de las ruinas históricas del faro, de los restos de frisos de la antigua muralla y de la propia estructura de sus calles, reúne en su centro histórico monumentos singulares de diversas etapas. Entre las iglesias destaca por su antigüedad la Ermita de Nuestra Señora de las Nieves y la Capilla de San Roque, mientras que la Iglesia de la Encarnación sorprende por su monumentalidad y es referente por estar construida sobre las ruinas de la mezquita. También son dignos de mención la Torre Árabe, las Torres Vigías, el Hospital de San José,varias casas señoriales o la mítica fábrica de azúcar.

               

El Puente de las Ánimas, la Noria de Calaceite, Acueducto de la granja o las casas señoriales, como la Casa de la Joya, palacio señorial donde se alojó Alfonso XII en su visita al municipio a finales del s. XIX, son testimonios de un intenso y elocuente pasado.

                                    

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